Hablemos claro: la Directiva (UE) 2022/2555, mejor conocida como NIS2, no es simplemente una nueva normativa que se archiva en una carpeta de “cumplimiento”. Es un cambio de era. Es el momento en el que la ciberseguridad deja de ser “ese problema técnico que gestiona el departamento de informática” para convertirse en un asunto estratégico que define el futuro de las organizaciones.
Para los consejeros delegados, comités de dirección y responsables del tratamiento, el mensaje de la NIS2 es rotundo: la seguridad digital es responsabilidad de todos, y la cuenta pendiente la pagan los que mandan.
El impacto en el bolsillo: Un precio muy alto
Si todavía alguien pensaba que una brecha de seguridad es solo un mal trago, la NIS2 pone los números sobre la mesa para disipar dudas. Estamos hablando de un marco sancionador severo, diseñado para que nadie duerma tranquilo si no hace sus deberes.
Las multas pueden alcanzar los 10 millones de euros o, lo que es aún más impactante para grandes corporaciones, el 2% del volumen de negocio global anual. No es una multa por “llegar tarde”; es una sanción que puede poner en riesgo la viabilidad económica de una empresa.
Pero, ¿qué es lo que realmente hace saltar las alarmas a las autoridades? No se trata de perfección absoluta, sino de negligencia. Las sanciones suelen caer como una hachazo por errores que parecen básicos pero que, en la práctica, son demasiado comunes:
- Ceguera ante el riesgo: No tener un análisis de riesgos actualizado. Es como salir a la autopista sin revisar los frenos durante años; es cuestión de tiempo que algo falle.
- Improvisación ante el desastre: Carecer de planes de respuesta a incidentes. Cuando ocurre un ataque, no hay tiempo para pensar. Si no hay un guion previo, el caos es inevitable.
- Silencio culpable: Notificar tarde a la autoridad competente. Ocultar un incidente o tardar en comunicarlo agrava el daño y la sanción.
La Alta Dirección en el punto de mira
Aquí es donde la NIS2 cambia las reglas del juego de forma definitiva. Ya no vale con contratar a un buen CISO (Jefe de Seguridad) y lavarse las manos. La nueva directiva exige una implicación directa, personal y activa de la alta dirección.
¿Qué significa esto para los líderes de una empresa? Significa que ya no pueden mirar hacia otro lado. Las exigencias son claras:
- Aprobar y supervisar (de verdad): No basta con firmar un permiso de gastos. Los órganos de administración (Consejo de Administración o Junta Directiva) deben aprobar las medidas de ciberseguridad y, sobre todo, supervisar su cumplimiento de forma activa. Tienen que entender qué se está haciendo y por qué.
- Responsabilidad personal: Esto es lo que más preocupa a los ejecutivos. La norma establece que si hay un incumplimiento grave debido a una negligencia manifiesta o a una falta de supervisión por parte de la dirección, ellos asumen la responsabilidad. El escudo corporativo ya no protege de la culpa por mala gestión.
- Formación obligatoria: Nadie está exento, ni siquiera el CEO. La ley exige que la alta dirección reciba formación específica en ciberseguridad. Es imposible liderar la defensa de una empresa si no se comprenden las amenazas a las que se enfrenta.
En resumen: No se trata de tecnología, se trata de cultura
Lo más importante que debemos entender de la NIS2 es que busca elevar el estándar de seguridad mediante el ejemplo.
Un recordatorio vital: Las sanciones elevadas no son una amenaza teórica; llegarán ante incumplimientos habituales como una mala gestión de riesgos, una respuesta torpe ante incidentes críticos o el intento de ocultar la información retrasando las notificaciones.
En este nuevo escenario, la ciberseguridad es un activo estratégico que debe protegerse desde la primera línea de mando. Si eres directivo, la pregunta ya no es “¿qué hace mi equipo de IT?”, sino “¿qué estoy haciendo yo para asegurar que estamos protegidos?”.







